27.11.13

Mujeres de Ojos Grandes

Todo en la vida de tía S. había sido siempre extraordinario. Pero era, al igual que ella, el tipo de magia pequeña que pasa inadvertido. Quiero decir, que a pesar de ser consciente de estar ante algo bonito, uno no lo es de hasta qué punto es hermoso. Su vida, vista desde fuera, podía parecer diferente... rara... especial, pero en ningún caso nunca nadie sospecharía que en realidad tía S. era una Alma Antigua viviendo en un futuro una vida de Bruja. Quizá es esa manera de pasar inadvertida sin traicionarse a sí misma lo que permite a una vida mágica seguir adelante. Porque una vida mágica no es fácil de entender para una misma, cuanto menos lo es dar explicaciones. Y menos que menos, darlas a quienes jamás lo entenderían. Es como ponerte a dar detalles del grabado que dibuja el trazo en color sobre la cerámica de un plato a alguien que ni tan siquiera es capaz de ver el color. Esto tía S. tardó bastante en aprenderlo. De hecho, uno de sus principales obstáculos durante muchos años fue su facilidad de palabra.
Tía S. era una mujer menuda, pero no pequeña. Creo que no habría nadie que dijese que tía S. no era una mujer guapa; sin embargo, era el tipo de belleza que prende desde dentro, y una vez encendida, iluminaba todo el cuerpo. Los ojos... ¡esos ojos!, la sonrisa... porque no era la boca, hasta las puntas rojas de los cabellos de tía S. parecían reflejar las puntas encendidas de sus faldas, gravitar y crepitar entorno al fuego junto al que bailaba en una danza antigua que sólo ella y otras como ella conocían. Tía S. era una mujer fantástica. Sobre eso no cabía ninguna duda. Ahora, cómo llegó a convertirse en aquella mujer alada e intensa es un misterio: porque una bruja no se hace, nace.

No hay comentarios:

Publicar un comentario